Aunque Marte es uno de los objetos celestes más observados y estudiados, y aunque el ser humano ha sido capaz de colocar en su órbita y en su superficie un número de instrumentos, sondas y rovers nada desdeñable, el planeta sigue suscitando la imaginación y las fantasías humanas. Una de las imágenes más famosas fue captada por la sonda Viking 1 en 1976. Se trata de la «cara de Marte», una figura que recuerda perfectamente a un rostro humano. Los amantes de la ufología pronto interpretaron el hallazgo como la prueba de la existencia de una civilización extraterrestre, pero la cara no es tal. Solo es una formación geológica natural, un humilde montículo capaz de engañar nuestros sentidos. El cerebro tiende a hacernos reconocer las formas que ya conoce.
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