El salmón transgénico que desde hace 23 años desarrolla una empresa estadounidense acaba de superar el penúltimo obstáculo antes de llegar a los platos. Esta especie, que crece el doble de rápido que el salvaje gracias a la ingeniería genética, no afecta al medio ambiente. Comerlos es seguro y ahora dicen que aunque se escapara algún ejemplar de las piscifactorías, al estar esterilizados y en aguas cálidas, es “extremadamente remoto” que sobrevivieran. Es el primer animal creado con ingeniería genética para consumo.

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