El resultado, expresado brevemente, es que no hay rechazo. Ni con la piel ni con la médula ósea. Ni cuando esos tejidos se derivan de células iPS ni cuando lo hacen de células madre embrionarias. Todo esto es en ratones, pero despeja el camino hacia la aplicación clínica de uno de sus mayores obstáculos.
Más información sobre la noticia consultar en: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/01/09/actualidad/1357754252_634928.html
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